Mi Mensaje a los Padres en su Día

VICTOR HUGO MANZANILLA

Cofundador de MicroSalt® (Cotiza en la Bolsa de Valores de Londres LSEG:SALT). Implementador Certificado EOS®. Cofundador del Emprendedor Growth Model™. Ejecutivo 15 años en empresas Fortune 500. Graduado del programa Core de Negocios de Harvard. Autor bestseller.

Siempre se me ha hecho más fácil ser un líder afuera que en casa. Mi hogar es una prueba real de liderazgo que me enfrento día a día. Mi esposa y mi hijo saben quién soy de verdad. Uno puede aparentar una imagen distinta de lo que es afuera del hogar por un tiempo, pero nunca en la casa.

Nunca he entendido por qué puedo ser más paciente con un extraño que con mi propio hijo, que amo más que a mi propia vida. Pero es así. Es por ello que si logramos aplicar los principios de liderazgo en nuestro hogar, siempre será más fácil repetirlos afuera.

Hace más de 10 años leí un escrito de W. Livingston Larned que me conmovió. Hace unas pocas semanas lo volví a leer pero esta vez me conmovió mil veces más, me impactó profundamente y me confrontó en mi rol de padre.

Hoy he querido compartir este escrito con ustedes. Mi deseo es que te motive tanto como a mí en esforzarme en la tarea más difícil a la que me he enfrentado: la de ser un buen padre.

Mensaje para el día del Padre
Mensaje para el día del Padre

Papá Olvida de W. Livingston Larned

“Escucha, hijo: voy a decirte esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida.

He entrado sólo a tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.

Esto es lo que pensaba, hijo: me enojé contigo.

Te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.

Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado.

Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con la mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “¡Adiós, papito!” y yo fruncí el entrecejo y te respondí: “¡Ten erguidos los hombros!”

Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en las medias. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte caminar a casa delante de mí.

Las medias son caras, y si tuvieras que comprarlas tú, serías más cuidadoso. Pensar hijo, que un padre diga eso.

¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido? Cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta.

“¿Qué quieres ahora?”, te dije bruscamente.

Nada respondiste, pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aun el descuido ajeno puede agotar.

Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.

Bien, hijo: poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor.

¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre?

La costumbre de encontrar defectos, de reprender; ésta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Y te medía según la vara de mis años maduros.

Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas.

Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.

Es una pobre explicación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto.

Pero mañana seré un mejor papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. No haré más que decirme, como si fuera un ritual: “No es más que un niño, un niño pequeñito”.

Temo haberte imaginado hombre.

Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, cansado en tu camita, veo que eres un bebé todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. He pedido demasiado, demasiado…”

Feliz Día a los padres y a las madres que también hacen de padres. Felicitaciones por embarcarse en el mejor y más difícil trabajo del mundo: ¡Preparar a tus hijos para la vida!

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5 comentarios

  1. Avatar Yolygomezg

    Hermoso mensaje Victor, que pases un gran dia del Padre al lado de Benjamin. Un gran abrazo.y que Dios te Bendiga.

    • Avatar Victor Hugo Manzanilla

      Gracias Yoly! Recibe un gran abrazo y un beso de nuestra parte para ti. Gracias por seguir el blog y por todo el apoyo!

  2. Avatar Cruzllm

    Recien encuentro este blog…FELICITACIONES!!!
    muchas felicidades, muchos éxitos y que Dios lo bendiga  por ser un buen padre…hay pocos hombres que asumen esta responsabilidad.

    • Avatar Victor Hugo Manzanilla

      ¡Muchas Gracias por tus palabras! La tarea de Padre ha sido difícil pero lo más hermoso que he vivido. Gracias por seguir el blog…

  3. Avatar Marisel Correa Bárcenas

    Víctor, te felicito, excelente, es muy importante que se divulgue este mensaje a los Padres, y encuentre dentro de si el Regalo que Dios les dio, de formar el carácter y fortalecer la identidad de sus hijos.

    Saludos y Bendiciones,

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